Investigando fenómenos paranormales: ‘Spirit Box’ y ‘Ovilus III’

En el mundo de la investigación paranormal son muchos los que optan por una vía tradicional a la hora de acudir a una presunta casa encantada y tratar de resolver los misterios que pudiera encerrar. Dice un refrán muy español que “cada maestrillo tiene su librillo” y así debe ser en un mundo en el que pocas certezas hay y pocas verdades absolutas se manejan salvo que, día a día, se implementan nuevas formas de trabajar.

Para algunos una investigación se basa en llegar a un lugar y hacer una sesión de ouija (que es respetable pero creo que se aleja de lo más científico), para otros es trabajar con el péndulo y las energías o llevar a una persona que sea médium o sensitiva y que haga su trabajo de visualización, todo ello es igualmente aceptable y respetable allá donde cada uno pone su particular forma de entender como acometer las investigaciones.

Otra vía de trabajo es tratar de captar lo que los testigos afirman ver en un determinado lugar a través de los medios que la tecnología pone a nuestro alcance, en unos casos será vía grabaciones psicofónicas, en otros a través de sensores de movimiento o alarmas que adviertan de la presencia de energías o entidades “captables”, si bien es cierto que no se idearon estos aparatos precisamente para ello pero que, cierto es, en determinados casos si que presentan un comportamiento curioso. Igualmente cámaras de vídeo normales, infrarrojos, térmicas, con las que captar el vestigio de lo imposible. Sea como fuere todos son medios que, pretenden tener la constancia del fenómeno descrito que, luego, será más o menos criticado o enjuiciado con más o menos elementos de juicio, algo a lo que se expone el investigador cuando da a conocer, públicamente, su trabajo.

En los últimos tiempos han surgido nuevos elementos de transcomunicación instrumental, desde transradio a otros no menos sorprendentes. Quizás los más conocidos sean la “Spirit Box” y la Ovilus, y bajo el mismo principio de esta última, la llamada “Spirit Radio”. Tienen detractores y partidarios al 50%, pero no dejan indiferentes a nadie.

Nos referiremos hoy a la última parte, a aquella que tiene que ver con dos máquinas como la física (pues es un aparato en sí) que es la Ovilus y la app (NO UN EMULADOR) que es la “Spirit Radio”. En principio se trata de una máquina que tendría un “diccionario” de entre 14.000 y 40.000 palabras -la versión más popular es aquella que sólo dispone de un único idioma (inglés), si bien es cierto que también está disponible en bilingüe-, tiene una serie de sensores e iniciado el “contacto” comenzará a lanzar palabras que deben estar en consonancia con el lugar en el que se está. A veces los resultados son increíbles.

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Como muestra un ejemplo claro en la INVESTIGACIÓN EN EL MONASTERIO DE SAN ISIDORO DEL CAMPO (Santiponce, Sevilla), con autorización oficial, en el que en una sala determinadas comenzó está máquina a repetir indicaciones que eran coherente con el sitio, en pantalla (escrito) y en el sintetizador de voz repetía las palabras: Monje, convento, rezar, Biblia, Este (punto cardinal). En este emblemático lugar hay un patio que se llama el “Patio de los Muertos” por ser donde se enterraban a los monjes fallecidos en el mismo, además cercano a él está la iglesia donde se rezaba, y en este lugar, en una sala al Este se encuentra la mítica Biblia protestante, la “Biblia del Oso”, llamada así por la ilustración de la misma… ¿Casualidad?

Es complejo creer en todo ello si no se vive experiencias similares pero al menos el margen de duda puede llegar a plantearlo en el investigador de este tipo de fenómenos.

La otra máquina se trata más bien de una app y aquí se debe hacer un inciso: no es lo mismo una app a desarrollo exclusivo que una app que es un emulador, este último simula simplemente, imita, mientras que el primero lo intenta hacer realmente -otra cosa es que lo consiga o no-. Así la llamada “Spirit Radio” tratar de seguir la senda marcada por la Ovilus. Pero siempre siendo conscientes que no se trabaja con un emulador sino con un app dedicada.

Así una empresa nos realiza una app con los requerimientos solicitados tras haber estudiado la Ovilus III, entregan la “Spirit Radio” y difiere de los emuladores que se pueden encontrar -evidentemente no está presenten en Google Play ni en ningún lugar de descargas de aplicaciones-. Y comienza el experimento.

La primera vez que lo probé -más bien lo vi en manos de los investigadores Jesús García y José David Flores– me dejó muy sorprendido por lo que iba a suceder. Se trataba de una investigación oficial en el TEATRO QUINTERO de Sevilla,la noche del 30 de diciembre de 2015.

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Aquella noche se realizaron mil y una pruebas con cámaras de vídeo de todo tipo, circuito cerrado de grabación, térmicas, infarrojos, psicofonías… Se trataba de “cazar” el fenómeno. 13 personas centradas en lograr recoger en sus equipos lo inexplicables, que es lo deseable. Aquella noche se obtuvieron diferentes resultados, tal vez el más impresionante fue el captado bajo la grada de asientos, allí los dos investigadores decidieron probar la máquina, la app, y surgieron varias voces que verbalizaron palabras o frases como: “Estoy abajo”, “perdón”, “perdida”, “soy un niño”, “estoy aquí enterrado” o “curas negros”.

Todo podría parecer inconexo hasta que descubrimos que si historia particular tiene mucho que ver con este sitio: el Teatro Quintero de Sevilla fue el antiguo Cine Pathé, en la calle Cuna, tuvo especial relevancia hace siglos por ser, precisamente, la Casa Cuna de Sevilla, y como casa de acogida también hubo fallecimientos, curiosamente allí habitaron niños y próximo a este edificio se encontraba la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla (hoy Facultad de Bellas Artes) donde la orden que lo gestionaba eran los jesuitas, los “curas negros”… ¿Casualidad?

En ambos casos obtuvimos excelentes resultados pero, en cualquiera de los casos, ahí casi acaba la labor del investigador: documentar históricamente, recabar testimonios, investigar, descubrir algunas respuestas, exponer hipótesis de trabajo (acertadas o no), descubrir fraudes, equivocarse o acertar allá donde nadie va a responder salvo a través de una psicofonía (si es que se puede considerar como un fenómeno paranormal, que es algo aún sujeto a mil debates).

El empleo de nuevas tecnologías no debe sustituir la investigación que se precie de ser científica, no puede sustituir elementos de medición u objetivos como lo que capte una cámara de vídeo, pero si es cierto que, en ocasiones, puede arrojar resultados que sean tan sorprendentes y coherentes como los descritos. El resto es cuestión de probar, de depurar, de convencerse o no y de seguir usándolo o no allá donde no se pierde más que el tiempo por tratar de buscar respuestas. Habría que aplicar aquella de: “Tener la mente abierta a todo y no creer en nada”.

*Vídeo en inglés:

 

 

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