Enigma bíblico: ¿y si el autor del Evangelio de Marcos era una mujer?

En un ensayo literario reciente, un teólogo alemán postula que el Evangelio de Marcos tiene muchos elementos que permiten sostener que su autor no fue él sino una mujer.

Mónica Martin

De hecho, podríamos decir que a este profesor de teología especializado en Nuevo Testamento y que dicta clases en las Universidades de Wuppertal y Bielefeld, en Alemania, le gusta ir a la letra chica de las Sagradas Escrituras para mirarlas desde otro ángulo. O mejor aún, apreciarlas desde el contexto histórico cultural en el que se gestaron, para no dejar de sorprendernos con sus mensajes revelados.

Siguiendo ese criterio, acaba de publicar Evangelio de una mujer. Una lectura del Evangelio de Marcos, un ensayo literario muy singular escrito en colaboración con la pastora Carmen Burkhalter. El relato se mete en la piel de una mujer, la posible autora del Evangelio que siempre se atribuyó a Marcos.

“La idea de que el Evangelio de Marcos haya sido escrito por una mujer, me sobrevino hace varios años, al constatar el lugar particular que las mujeres ocupan en él. Para empezar, está el hecho de que son las mujeres quienes vinculan a los ‘aprendices’, los discípulos, entre sí, y acompañan a Jesús en su relato de la Pasión y de la muerte. En relación a los otros tres Evangelios, el texto de Marcos es por otra parte el único que evoca el camino interior, precisamente, de varias mujeres”, sostuvo François Vouga en una entrevista concedida al periódico francés Le monde.

San Marcos 20210517

Marcos y las mujeres

Y a la luz de los hechos, el irreverente teólogo alemán, tiene bastante razón. Marcos comienza su relato bíblico con Juan, después introduce a Jesús “en acción”, mostrando sus primeros pasos en su ministerio; luego dedica varios versículos a los primeros milagros y a los primeros discípulos.

Sin embargo, en medio de tantos hombres, hay una mujer: la suegra de Pedro. No sabemos su nombre, ni el de sus hijos ni el de su esposo, pero Marcos destaca que, al ingresar a su vivienda, el Mesías va directamente hacia esta mujer enferma, le tomó la mano, la curó y luego ella, agradecida, sería su primera seguidora.

No es la única vez que el autor del libro santo da preponderancia a los gestos femeninos. También se sorprende Jesús con la ofrenda de una mujer rica que no donó lo que le sobraba sino “que dio todo a Dios”.

O la de aquella otra que, durante una cena, roció la cabeza de Jesús con un perfume muy caro, un gesto que todos excepto Jesús, interpretaron como derroche.
Al promediar su narrativa, Marcos relata que una mujer extranjera le pide una bendición a Jesús, un judío considerado profeta. Jesús le dice que no es momento para los extranjeros, pero ella insiste con su pedido y le replica con la anécdota de un perro y unos hijos para convencer al Mesías de que sí había un espacio para ella. Jesús la escuchó, lo convenció y le dio su bendición.

Las mujeres tienen una notable presencia en el relato que supuestamente escribió Marcos, 40 años después de la muerte y resurrección de Jesús

A decir verdad, los hombres no tuvieron buenos gestos con el Elegido. Cuando lo capturaron, uno huyó semidesnudo y su mejor delfín lo negó tres veces, sin contar que Judas “lo marcó” por un puñado de monedas. Padeciendo en la cruz, sin embargo, fueron mujeres las que nunca negaron su devoción por él.

Además, fueron también tres mujeres las primeras que, según Marcos, comprobaron que el Salvador ya no estaba en el sepulcro: María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé. Aunque los cuatro evangelistas no se ponen de acuerdo en quiénes eran¸ los primeros testigos oculares de la Resurrección de Cristo fueron mujeres.

Testigos, devotas, generosas y carne de sus milagros, las mujeres siguen, sostienen y hasta desafían a Jesús en todo el relato de Marcos

El enigma de las Sagradas Escrituras

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Sus publicaciones inmediatamente anteriores también rubrican que a François Vouga le gusta dar la nota ofreciendo su mirada sesgada de las Sagradas Escrituras. ¡En mí, Paul! (Bayard, 2005), el estudioso se imaginaba una confesión del apóstol San Pablo; luego, en Gospel and Daily Life (Labor y Fides, 2006), revisó el Nuevo Testamento para mostrar el significado concreto que tiene para los contemporáneos.

En Una teología del Nuevo Testamento François Vouga interpreta los grandes temas bíblicos, muestra su significado para la comprensión de la existencia humana y subraya su actualidad.

“El azar me llevó a concretar este proyecto: cuando yo quería escribir un libro sobre la teología del primer Evangelio, las intervenciones de Carmen Burkhalter en un grupo de reflexión en la Suiza francófona -que se pueden encontrar en los interludios del libro- han ayudado a cambiar su forma; por lo tanto, el libro emana de nuestros intercambios”, sostuvo Vouga y luego explicó por qué “relativizó” sus investigaciones aplacándolas con una ficción literaria.

“Me pareció interesante la idea de presentarlo como ensayo literario, porque este formato me permite interrogar la lógica que sostiene la construcción del relato [bíblico], que la exégesis, tomándolo como un texto dado, no cuestiona jamás. Entonces yo imaginé que su autora era una mujer casada, madre de dos niños y, como el Evangelio parece haber nacido en un medio no judío entre Jerusalén y Roma, yo opté por Siracusa”, reveló.

Ficción como vehículo de la realidad

Según el teólogo alemán, entender los textos sagrados como escritos antes que como sacros, haría su comprensión mucho más fácil: “Los Evangelios se reducen a veces a declaraciones de hechos, algo que también crea dificultades en quien los recibe. Me di cuenta de que estos debates, especialmente sobre el significado de los relatos de milagros, podrían abordarse de una manera mucho más simple si uno entendiera estos escritos como construcciones literarias.

“Me pareció que ese paso era particularmente importante para el primero de los Evangelios cronológicamente hablando -el de Marcos-, escrito sólo cuatro décadas después de la muerte de Jesús.

Una de sus obras anteriores, Los primeros pasos del cristianismo, posicionaron a Vouga como uno de los bibliófilos actuales más respetados en el estudio del cristianismo primitivo. En esa publicación desentraña la influencia geopolítica que Jesús tuvo en el mundo mediterráneo y también en Medio Oriente, durante los dos primeros siglos de nuestra era. Un legado y una interpretación que, lejos de agotarse, aún tiene mucha tela para cortar.

¿Quién fue Marcos?

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Se cree que Marcos el Evangelista es la misma persona que algunos textos bíblicos, como los Hechos de los Apóstoles, mencionan como “Juan, llamado Marcos”.
Se supone que cuando Jesús fue apresado en el Huerto de los Olivos para comenzar su calvario, estaba junto a un joven envuelto en una sábana, que podría ser Juan Marcos.

La tradición bíblica sostiene que, cuando Nerón era emperador de Roma, Marcos difundió la palabra de Dios en Egipto, que llegó a ser Obispo de Alejandría, realizó milagros, fundó una iglesia y una escuela de formación cristiana, y que murió allá como mártir en el año 68 de nuestra era. Durante dos días lo arrastraron por la calle, con sogas atadas al cuello, hasta que falleció.

Hay documentos que sostienen que también predicó en Marmarica y Libia. 

Uno de los Padres Apostólicos, Papías de Hierápolis, instaló en el siglo II la creencia de que Juan Marcos había escrito el evangelio que se le atribuye. El no había sido discípulo directo de Jesús, pero relató todo lo que le había contado Pedro. “Todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso», había asentado el padre apostólico.

Hasta ahora siempre creímos que el Evangelio de Marcos fue escrito por él, sólo porque lo afirmó Papías de Hierápolis

Sus restos mortales fueron trasladados desde Alejandría hasta Venecia, por navegantes italianos en el año 828. Desde entonces se encuentran en la Basílica de Venecia que lleva su nombre. Sin embargo, para la iglesia copta, su cabeza habría permanecido en Alejandría y cada 30 del mes de Babah, los cristianos coptos lo recuerdan.

La iconografía católica lo asocia con un león, porque su Evangelio comienza narrando los hechos de Juan el Bautista en el río Jordán, a quien denomina la “Voz que clama en el desierto”, prédica que se asocia con el rugido de un león, felino entonces habitual en las arenas de Egipto.

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