Descubren enigmáticas secuencias de ADN llamadas ‘Borgs’, que absorben genes de organismos ajenos

Los investigadores proponen el nombre de los villanos alienígenas de la serie de ficción Star Trek para referirse a sus hallazgos y aseguran que representan algo “ni vivo ni muerto”.
Las cadenas de ADN / Imagen ilustrativa.

Aguas subterráneas, sedimentos y suelos de los humedales, al igual que el patio trasero de una casa en California (EE.UU.) son hábitat de unas variadas secuencias de ADN que los genetistas no han podido atribuir a ninguna clase conocida de organismos, según un nuevo estudio que aún espera su revisión por pares.

Algunos de estos tramos de material genético fueron hallados por casualidad, otros como resultado de la búsqueda intencional, pero todos incluyen fragmentos de los genomas pertenecientes a distintas bacterias o arqueas, una clase primitiva de organismos unicelulares que prescinden tanto del núcleo como del oxígeno en su metabolismo.

No obstante, las moléculas bicatenarias halladas son demasiado grandes para pertenecer a las arqueas, por lo que los investigadores han comparado los genes ajenos a su especie con los personajes de la serie de ficción Star Trek, denominados ‘Borgs’, un grupo de humanoides alienígenas que combinan lo sintético con lo orgánico para mejorar sus capacidades físicas y mentales.

El equipo de la Universidad de California en Berkeley propuso precisamente ese nombre para designar los elementos extracromosómicos, explicó en un comunicado reciente el microbiólogo y primer autor del estudio, Basem al Shayeb. Según el experto, toda esta clase de hallazgos fue “muy extraña porque no parecía un virus, un plásmido o un minicromosoma“.

Por su parte, otra autora principal Jillian Banfield escribió en Twitter que se trata de algo “ni vivo ni muerto que asimila y comparte importantes genes”. En este sentido, aseguró que encontraron “algo enigmático” que está “relacionado con el genoma microbiano”.

Fue ella quien encontró la primera tanda de los ‘Borgs’ en el barro del patio trasero de su vivienda. Ese ADN constaba de aproximadamente un millón de los pares de base, aquellos nudos presentes en las dobles cadenas de material génico. Más de la mitad de los genes eran nuevos, y el resto eran conocidos por los especialistas, algo que se repitió en las muestras posteriores. Al final de cada hebra de ADN, los genes tenían el orden inverso: una característica ligada a la capacidad de autorreplicación, presente en los virus.

“No pudimos demostrar que fueran virus primitivos, plásmidos o pequeños cromosomas, ni tampoco pudimos demostrar que no fueran virus“, admiten los investigadores. Además, comprobaron que no pueden cultivar estas moléculas en condiciones de laboratorio.

Ante este escenario, el equipo se enfocó en los genes similares de ciertos microbios que en la naturaleza oxidan metano, un gas de efecto invernadero. Así, esta función de los ‘Borgs’ podría resultar útil para reducir la cantidad de metano en la atmósfera, estiman los autores.

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