Hipocresía, mentiras y antimisterios

En muchas ocasiones sólo se ve aquello que se quiere ver y aunque la verdad esté delante de nosotros, el ser humano es de visión dirigida, casi imaginaria. Decía un profesor de EGB que tuve, don Antonio Martín, que «más vale ser cabeza de ratón que cola de león» y eso mismo he tratado en muchos aspectos de mi vida.

El que hoy me ocupa es aquel que habla de misterio, que habla de uno de los campos que mejor conoce y que, a veces, es muy cainita. Tras las luces de neón y las grandes investigaciones -que en televisión parecen más grandes de lo que son o así las maquillan- siempre se esconde el trabajo, el sufrimiento y las ilusiones de quien lucha por ello pero, también, los ataques de aquellos que no saben, no pueden o no quieren hacer aquello que critican o que ven en la pequeña pantalla, escuchan en la radio o leen en prensa o libros.

El investigador del misterio, o el divulgador del mismo, a menudo sufre los ataques, la envidia y la incomprensión de aquellos que querrían tener lo que otros tienen y que, en su mediocridad, sólo pueden denostar y tratar de ensuciar y/o emborronar sembrando dudas o falacias, mentiras o medias verdades ese trabajo que a ellos les hubiera gustado “firma” y que dejan, muy a las claras, la propia bajeza de lo que son y su catadura moral. Y esto es algo que se viene repitiendo con frecuencia (más de lo que cree). Personas que son bien recibidas y atendidas y que, posteriormente, como “pago”, suelen premiar con críticas y opiniones tan arbitrarias como injustas desde la ignorancia, el desconocimiento o enarbolando la bandera de una guerra que no es suya y que otro, con maldad manifiesta y oscuras –y delictivas- intenciones, se encarga de engatusarlos…

Vaya por delante decir que es una opinión –mi opinión- sobre el mundo del misterio y no sobre algo personal (que siempre se suele leer entre líneas que se vuelca la rabia en blanco sobre negro, esta vez no es así). En ese mundo en el que todo parece medido e idealizado hay toda una trama de recelos, de rivalidades, de «intoxica que algo queda» y de «repite una mentira mil veces y se acabará entendiendo como una verdad», de aquellos que “ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el suyo propio” y de esos, como se dice aquí, los hay a “manojitos”.

Y ahora SÍ os pongo algunos ejemplos de ello que me tocaron, en su día, a nivel personal: en una ocasión vi como un guía de rutas de misterio decía a un nutrido grupo… «En la Facultad de Bellas Artes investigó un íntimo amigo mío, el único que lo ha hecho, José Manuel García Bautista, y aquí llegó a ver al demonio». Evidentemente la afirmación tiene mucho de desacertado e incierto. Me esperé a que acabara y le dije: «Perdona, ¿de qué nos conocemos?». Aquel guía, sin conocerme, dijo: «Perdone, esto es una ruta privada y no se puede unir». Entonces me saqué el carnet de identidad del bolsillo y le dije: «Soy Jose Manuel García Bautista, el que investigó este caso, al que tú has cita como “amigo” tuyo y… ¿Tú y yo no nos conocemos? Yo no vi al demonio ni a nada parecido ahí… A ver si te informas mejor».

Evidentemente usar el nombre de otro para este tipo de fines siendo un indocumentado tiene sus riesgos, sobre todo cuando se inventa. ¿Saben el problema? Qué luego eso no lo pondrán en boca del guía indocumentado -que lo único que ha hecho es leerse mi trabajo y medio memorizarlo exponiéndolo sin alma y con teatralidad- sino del investigador y las dudas se cernirán sobre él. Por eso hay que tenerlo todo muy claro y, por supuesto, no alardear de lo que no se tiene. El comunicador, el personaje público, no tiene la culpa de lo que otros digan o se inventen que éste a dicho.

En otra ocasión tuve conocimiento de otro problema: un individuo que creó una empresa “simpa” (sin papeles) que se hacía llamar «Rutas Milenio» y que él, en su engreimiento, llevaba colgado del cuello un carnet que decía «Colaborador» de cierto programa de televisión. Me quedé helado cuando comprobé aquello que me decían. Un amigo me comentó: «Él dice que nutre de casos en Sevilla al programa de televisión de misterio y que es colaborador y productor, que no sale de cara a cámara pero que está detrás de todo lo que sale». Evidentemente una cosa es el trabajar y otra la poca vergüenza y la mentira. Al final quién ha colaborado con un medio lo puede demostrar, hay audios, vídeos, documentación, incluso «cargos meritorios» que aunque no sirvan de nada es la pequeña historia de cada uno, eso que nadie le puede quitar. Por contra hay otros que se hacen una foto o ayudan ligeramente una vez y ya son «colaboradores» de facto para toda la vida con ánimo de lucro… La tontura humana no tiene remedio.

Sobra decir que la espoleta de los mediocres es la envidia, los celos y las ganas de tener lo que otro construye con esfuerzo y años de dedicación. Acusaciones, mentiras, falsedades construidas con la paciencia de quién no tiene nada que hacer y quema pestañas en un chat a ver quién dice la mayor barbaridad o quién miente más o quién tiene idea con peor maldad. Redes sociales que se llenan de estos infames del misterio, o como uno de ellos -camuflado con falsas buenas intenciones- los denominó: antimisterios.

En cierta forma esto no es más de lo que nos encontramos en otros campos, en otras profesiones, en otros hobbies pero que cada uno lo cuenta como lo vive y le afecta. Como decía aquel alcalde «pobre Sevilla»… «Pobre misterio» digo yo. El mundo del misterio es bonito, cierto, pero también hay mucha inquina, mucha maldad y mucha mala leche de aquello que no tienen valores.

Así no se va a ningún sitio y sólo se puede con la ayuda, la admiración, el espíritu constructivo y el querer mejorar. «Haz el bien y no mires a quién», vive tu vida, se «cabeza de ratón» y no le bailes el agua a quién es un manipulador y sólo se sirve de otros para intentar hacer daño a quienes sólo muestran indiferencia. Contrastar fuentes, conocer a la persona y cuidado con lo que os cuentan, podéis ser el ariete de la venganza de uno de estos.

Enlace: https://elcorreoweb.es/opinion/columnas/hipocresia-mentiras-y-antimisterios-EE7475701

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