¿Pueden los perros percibir un terremoto antes que los humanos?

Sí. No solo los perros sienten desastres naturales; también los gatos, las pájaros, los peces, los tiburones… gran parte de los animales tienen una sensibilidad especial.

Laura Martin Sanjuan

perros terremotos
 

¿Pueden los perros percibir un terremoto antes que los humanos? Sí, estos animales domésticos son los que en más ocasiones han avisado de la llegada de un terremoto, o de temblores, por pequeños que sean.

Los perros, unas horas antes de que se produzca un seísmo, se muestran inquietos, empiezan a moverse de forma nerviosa y ladran desconsolados. Después, emprenden la huida definitiva. Una situación que en La Palma se ha vivido con la desaparición de muchas mascotas, tanto de sus casas como de los refugios y alojamientos temporales.

Qué sienten los animales

Los perros sienten desastres naturales, pero también los gatos, las pájaros, los peces, los tiburones… Y es que las vibraciones primarias de los terremotos viajan el doble de rápido que las secundarias, que provocan la mayoría de los temblores reales. Esto podría haber sido la razón por la que los sapos huyeran de sus estanques unos días antes del terremoto que golpeó L’Aquila, en Italia, en 2009.

Estas ondas primarias son generalmente demasiado sutiles para ser sentidas por los humanos, aunque los sismógrafos las detectarán. El hecho de que los animales sientan antes de que ocurra nos daría unos minutos, algunos estudios dicen dos minutos.

Las señales físicas de un terremoto

Hay cinco señales físicas que anteceden a un movimiento sísmico, cargas eléctricas, ondas sonoras de baja intensidad, gases del subsuelo, modificaciones en el magnetismo terrestre y nubes de vapor por la fricción de las rocas. Nosotros sólo detectamos las últimas, las visuales. El resto son ajenas a nuestros sentidos.

Por qué no escuchamos los humanos

El humano es sensible a las ondas entre 1.000 y 4.000 ciclos por segundo, los sonidos que provoca la corteza terrestre al fracturarse no lleguen a ese valor.

No olemos tanto, nuestro olfato es un millón de veces menos preciso que el de un perro y tampoco detectamos la liberación de gases.

No percibimos los cambios en el magnetismo terrestre, porque el cuerpo no puede procesar esas señales.

Tampoco tenemos el ‘sentido de la vibración’, por lo que no captamos las vibraciones que se trasmiten por el suelo y que ellos recogen a través de las patas.

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