El tesoro metálico que esconde Vietnam

Se ha descubierto en el país asiático una importante reserva, valorada en 4.500 millones de euros, de un metal muy demandado en la industria.

José A. Chozas

El tesoro metálico que esconde Vietnam.

Un parque industrial situado a una hora de Ho Chi Minh, la ciudad más poblada de Vietnam, existe un tesoro valorado en casi 4.500 millones de euros. Se trata de unos montículos gigantes de metal en bruto envueltos en una lona negra, con una longitud de un kilómetro. Los expertos del aluminio, el metal que se encuentra envuelto, dicen que es la mayor acumulación que hay en la actualidad. En un mercado desabastecido, ver tal cantidad de un metal es casi imposible.

Sin embargo, es posible que no se consiga explotar pronto, ya que las autoridades aduaneras de Vietnam son muy estrictas. La existencia de estos montículos ha dado la vuelta al mundo, ya que se trata de una gran noticia para los fabricantes, al ser uno de los metales más usados en la industria, estando presente desde las piezas de los coches hasta las latas de cerveza. No obstante, la pandemia ha dejado un mercado desabastecido, que con este hallazgo podría resurgir.

Esta reserva solo la explota, en pequeñas cantidades, la empresa Global Vietnam Aluminium Ltd., más conocida como GVA, quien se cree que fue la encargada de acumular este metal en esa ubicación. Para el resto, está prohibido el acceso a estos casi 2 millones de toneladas de aluminio, protegidos por guardias de seguridad.

Como consecuencia del desabastecimiento, el valor de este metal ha aumentado en más de un 50%, por lo que la explotación de esta reserva podría provocar una caída importante de los precios, además de acabar con ese déficit. Sin embargo, CRU, una prestigiosa consultora de la industria metalúrgica, calcula que parte de este aluminio tiene más de 10 años y que tendría que venderse «como chatarra».

Reservas prácticamente agotadas

En la industria del aluminio ya han vivido una situación parecida, y temen que vuelva a acarrear una crisis. Una era de sobreoferta da paso a otra de déficits, debido a las restricciones que impone China a la producción para reducir la contaminación. Un exceso del metal conlleva inevitablemente a una bajada de los precios, lo cual no conviene a los comerciantes.

Por ejemplo, los fabricantes de automóviles de Detroit redujeron drásticamente la compra de aluminio hace unos años, mientras que los productores seguían explotando el metal para ‘noquear’ a sus competidores. Si bien estaban perdiendo dinero, los costes de apagar sus fundiciones eran mayores, por lo que prosiguieron con la producción, que provocó un exceso de un metal no deseado. Esto lo aprovecharon bancos y grandes marcas para comprar el excedente y guardarlo para los años de escasez.

Con el tiempo, la demanda se recuperó y el aluminio comenzó a reintroducirse en el mercado. Ahora, esta demanda está en aumento, pero China frena la oferta, lo cual provoca un desabastecimiento y una subida de precios. Las reservas, mientras tanto, siguen agotándose. No ayudan, por ejemplo, políticas arancelarias como la estadounidense, que convierte en prohibitivos los precios del aluminio importado y provoca la drástica reducción de las reservas nacionales, como las existentes en Nueva Orleans o Detroit. Esta última llegó a acumular más de 3,5 millones de toneladas, el doble que la de Vietnam, pero ahora está prácticamente vacía.

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