Tumbas, escritos y ciudades bajo el mar: siete misterios históricos que nadie ha podido resolver

A lo largo de los siglos, han existido y sucedido tantas realidades que el nudo por desenredar va para largo, y aquí una prueba de ello

Foto: Atlantis, por Manfred Beck Arnstein. Fuente: Wikimedia
El Confidencial

La historia de la historia guarda en sus cajones misterios aún sin resolver que la atraviesan. Como niños pequeños, estos grandes enigmas parecen estar jugando en los márgenes del saber sobre el que el ser humano ha construido su misma identidad definitoria. No, no lo sabemos todo; y no, tal vez nunca lo sepamos. A lo largo de los siglos, han existido y sucedido tantas realidades que el nudo por desenredar va para largo. Si, además, tenemos en cuenta que el presente caótico y desenfrenado nos requiere pendientes de él, como si viviéramos en un acecho constante, nuestra costumbre es permanecer rápido y profundo, observar el pasado se nos complica.

Entendiendo que, como suele decirse, para no repetir errores en el futuro hay que mirar al pasado, este ejercicio es a veces difícil y no solo porque enfrentarse al espejo abra grandes melones identitarios y ponga a prueba a toda la sociedad, sino porque algunos de esos melones no parecen tener respuesta. Estos son siete de ellos:

La tumba de Cleopatra

El Antiguo Egipto no deja de fascinar a historiadores, arqueólogos y todo tipo de científicos que encuentran novedades de nuestro pasado lejano. Estos expertos suelen afirmar que Cleopatra VII y su amante, Marco Antonio, fueron enterrados juntos en una tumba después de su muerte en el 30 a. C., como recuerda en ‘Live Sciene‘ Owen Jarus. «El escritor Plutarco (45-120 d. C.) escribió que la tumba estaba ubicada cerca de un templo de la diosa Isis, y era un monumento ‘elevado y hermoso’ que contenía tesoros hechos de oro, plata, esmeraldas, perlas, ébano y marfil», apunta.

Aquellos datos no has servido de mucho para encontrarla. Miles de años después, la leyenda continúa apegada a la figura de la última gobernante de la dinastía ptolemaica de Egipto. De hecho, en la actualidad, los arqueólogos consideran que tal vez no esté lo suficientemente conservada como para poder identificarla. Sea o no así, siguen intentándolo.

El nacimiento de Jesús

A pocos días de la Navidad, cabe recordar que, por más que siguiendo el calendario cristiano la gente se reúna a celebrar la nochebuena y la navidad entre el 24 y el 25 de diciembre, esa noche es solo una representación histórica del nacimiento de Jesús. Efectivamente, igual que los belenes que vas a ver porque cuántas figuritas, cuánta magia en miniatura.

Como si de una performance se tratara, en Nochebuena se celebra cualquier otro día: «Es posible que se haya elegido la fecha el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús porque está cerca en el tiempo de las Saturnales, una fiesta romana que celebraba al dios Saturno. Los registros más antiguos de que el 25 de diciembre fue el nacimiento de Jesús datan del siglo IV, más de 300 años después de su nacimiento», viene a recordarnos Jarus.

Mientras en España recorren las calles de ciudades y pueblos las cabalgatas de los reyes magos, actualmente existen en otras partes del mundo cristianos ortodoxos que celebran el cumpleaños de Jesús esa misma noche, entre el 6 y el 7 de enero. «Al final, es poco probable que la fecha del nacimiento de Jesús se conozca alguna vez; de hecho, incluso el año exacto no es seguro, aunque los eruditos generalmente están de acuerdo en que fue alrededor del año 4 a. C.».

Las Líneas de Nazca

Las colinas en Perú llevan siglos sosteniendo una conversación que, con el tiempo, ha quedado en el aire. Sigue ahí, dispuesta a la vista de las personas, pero nadie las entiende del todo. Las líneas de Nazca, como se las ha llamado, son enormes figuras dibujadas en la tierra que solo pueden distinguirse en su totalidad desde las alturas. Se encuentran en las pampas de Jumana, en el desierto de Nazca. El nombre de este lugar, de hecho, recibe el nombre de la cultura que lo habitó alrededor del año 600, hace unos 1400 años.

Hasta la fecha, se han encontrado más de 150 figuras de animales y personas, o geoglifos en su nombre teórico, algunas de hasta 275 metros de largo, y cientos de líneas rectas y trazados geométricos que circulan por las laderas recorriéndolas. Estas líneas alcanzan un grosor de entre 40 centímetros y algo más de 2 metros. Son tan grandes como su legado incierto.

No obstante, lo más sorprendente de estas figuras es que, pese a su enorme tamaño, están trazadas con gran perfección geométrica. Los investigadores han podido descubrir la forma en que fueron creadas, o al menos un proceso similar al que siguieron aquellas personas.

«Las pampas de Nazca están llenas de guijarros rojizos, por la oxidación. Al quitarlos queda una tierra amarillenta, de un color diferente a la habitual. Los Nazca solo tuvieron que quitar los guijarros para trazar las líneas. Al tratarse de uno de los lugares más secos del mundo, en donde prácticamente no llueve, se han conservado durante cientos de años. Los vientos a ras del suelo han evitado que la arena las oculte». Pero, ¿qué querían decir con este jeroglífico gigante?

El Manuscrito Voynich

El Manuscrito Voynich es uno de esos libros inclasificables cuya lectura requiere paciencia infinita, tan infinita que sentarse frente a sus páginas es un trabajo en sí mismo. Llamado así en honor de su descubridor, Wilfrid M. Voynich, quien lo halló en 1912, hoy en día puede consultarse en su totalidad en la web de la Universidad de Yale. Páginas y páginas escritas en una lengua desconocida, que hasta ahora nadie ha podido descrifrar. Adelante.

Su fecha de creación se remonta a hace 600 años, así que a priori puede resultar otro llamativo manuscrito medieval con apariencia de herbario. Sus dibujos de hasta 113 plantas (que tampoco han podido identificar) y otros que parecen signos zodiacales son pistas no resueltas, lo único conocido: 100 dibujos de especies de plantas medicinales.

Su lenguaje tiene nombre propio: voynichés. Así lo han bautizado quienes trabajan observando cada detalle de algo que, aunque incomprensible, no parece inventado: ha sido expuesto a un análisis de Carbono 14 que determinó que alguien lo escribió entre 1404 y 1438, con una fiabilidad del 95%. Además, toda la escritura resulta fluida, como ocurre con una lengua natural cuando se escribe. Esto quiere decir que los investigadores no han encontrado pautas en el trazo que delaten palabras inventadas o escritas al azar. Es más, han detectado reglas ortográficas como letras que siempre van juntas y otras que solo aparecen separadas.

Los más prestigiosos criptógrafos y lingüistas del mundo han intentado descifrar la escritura del códice Voynich, sin éxito. Desde expertos de la CIA a matemáticos que rompieron los códigos de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, nadie ha podido traducir esta lengua desconocida. Incluso la Inteligencia Artificial parece haberse rendido a él.

El final de un bosque en Tugunska

El 30 de junio de 1908 80 millones de árboles cayeron al suelo en Siberia (Rusia). De repente, sus troncos se desplomaron cuando una onda de entre 10 y 15 megatones de TNT cruzó aquel bosque. La potencia de aquel estruendo desoló el paisaje cercano al río Podkamennaya Tugunska. Resultó condensar un impacto 1.000 veces mayor que de la bomba atómica de Hiroshima, pero a diferencia de esta nadie sabe de dónde llegó.

Se convirtió en un acontecimiento único en la historia. Las noticias de la época señalaban que se había tratado de un meteorito, pero estudios posteriores no encontraron ningún cráter de impacto en la zona, y sigue sin encontrarse.

De ser así, la marca de aquella cosa que destruyó 2.150 Kilómetros cuadrados de tierra hubiera sido lo suficientemente notable y lo suficientemente profunda como para acabar con la vida humana que, por suerte, apenas existía allí. «Si esta extraordinaria explosión hubiese ocurrido sobre Nueva York habría destruido la ciudad por completo», pero solo se registraron tres muertos. Las imágenes del desastre siguen siendo la única certeza para quien se pregunta qué ocurrió aquel día.

Los jardines colgantes de Babilonia

Babilonia es, quizás, la civilización más desconocida. Todo tipo de entresijos transitan los recuerdos que se han ido hilando sobre ella. Situada en las tierras de lo que hoy conocemos como Irak, este lugar bíblico fue mucho más. Sin embargo, el libro sagrado del cristianismo depositó en sus muros un significado de leyenda. Según dicen sus páginas, Nemrod la fundó con el nombre de Babel, y relata la construcción de la Torre de Babel.

Los descendientes de Noé, como únicos seres humanos del planeta, se desplazaron hasta la llanura de Senar (Babel), todos hablaban un solo idioma, y decidieron construir una torre tan alta que llegara al cielo. El dios de Noé (Yahveh) al observar la edificación, decide que los habitantes hablaran diferentes lenguas y así abandonaran la construcción y se esparcieran por toda la Tierra.

Antes de las excavaciones modernas en Mesopotamia, recuerda Liverani, la apariencia de Babilonia era un misterio representado de diversas maneras por artistas occidentales como un híbrido entre entre el antiguo Egipto, el griego clásico y la cultura otomana contemporánea.

Así, existe la constancia en la actualidad de que varios escritores antiguos hablaron de inmensos jardines construidos por toda la ciudad. Algunos decían haber quedado tan impresionados por los jardines que los llamaron una «maravilla del mundo». Se trataban de jardines colgantes que parecían conectar el cielo con la tierra. Alrededor del 250 a. C., Filón de Bizancio escribió sobre ellos que tenían «plantas cultivadas a una altura sobre el nivel del suelo, y las raíces de los árboles están incrustadas en una terraza superior en lugar de en la tierra».

Sin embargo, de aquellos grandes muros verdes no se ha encontrado rastro alguno. En 2013, Stephanie Dalley, investigadora de la Universidad de Oxford, propuso en un libro que los jardines estaban ubicados en la ciudad asiria de Nínive. Durante las últimas dos décadas, tanto Babilonia como Nínive han sufrido daños por guerras y saqueos, por lo que resulta poco probable que este misterio se llegue a resolver.

La ciudad oceánica de Atlantis

Platón habló de ella por primera vez, o eso parece. El filósofo griego contó la historia de una tierra llamada Atlántida que existía en el centro mismo del Océano Atlántico. Según afirmaba, su imperio conquistó gran parte de Europa y África en tiempos prehistóricos. Los propios atenienses fueron quienes se enfrentaron a este en un conflicto que acabaría hundiéndolo en el fondo marino.

Quien ha estudiado sus escrituras, sabe que Platón estaba aquí barriendo bien para casa. Ningún erudito serio cree que esta historia sea literalmente cierta, pero algunos creen que puede estar inspirada en hechos reales que sucedieron en la propia Grecia. Una posibilidad es que la civilización minoica (como se llama ahora), que floreció en la isla de Creta hasta aproximadamente el 1400 a. C., podría haber inspirado la historia de la Atlántida. Aunque Creta está en el Mediterráneo y no en el Atlántico, los asentamientos minoicos sufrieron daños considerables durante la erupción del volcán Thera.

Los arqueólogos han podido encontrar pruebas de que los minoicos fueron finalmente derrotados y obligados a unirse a un grupo de personas llamadas micénicas, que tenían su base en la Grecia continental. Ficción o realidad, es difícil que este debate se resuelva por completo alguna vez.

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