El misterio de la sonda Voyager 1 al que la NASA no encuentra explicación

Los responsables de este proyecto están recibiendo datos extraños, pero la veterana nave, de casi medio siglo de vida, funciona correctamente.

Representación de la Voyager 1

ERIK SIMONSEN VIA GETTY IMAGES
Representación de la Voyager 1

El espacio es, en sí mismo, un enorme misterio aún muy lejos de ser comprendido del todo. Pero en las últimas fechas, el misterio se ha hecho más grande. La sonda Voyager 1, la más alejada de la Tierra y primera creación humana en abandonar el sistema solar, ha comenzado a enviar datos extraños que la propia NASA ha reportado sin esconder su incertidumbre por lo que está ocurriendo.

El equipo de ingenieros que monitoriza el funcionamiento de esta sonda, lanzada en 1977 y en funcionamiento desde entonces, se muestra extrañado por las últimas informaciones recibidas desde la sonda espacial.

Las lecturas del sistema de control y articulación de actitud (AACS, por sus siglas en ingles) de la sonda no reflejan la actividad que esta realiza en su recorrido, sino que reflejan otras métricas. Y ni la NASA sabe por qué pasa esto.

El AACS controla la orientación y el funcionamiento de esta nave de casi medio siglo de vida, una longevidad mayor de lo que esperaban los responsables del proyecto. Podría ser un fallo asociado a su edad, matizan desde la NASA, pero no es la única hipótesis que manejan desde la base de California.

Los fallos que refleja el AACS son “incompatibles” con cualquiera de los estados en los que podría estar esta unidad, por lo que la agencia espacial plantea que podrían haberse generado aleatoriamente. Lo cierto es que no se trata de un fallo que obligue a la nave a poner su “modo seguro”, una reducción de actividad hasta mínimos para asegurar su supervivencia. Ni siquiera se ha debilitado la intensidad de la señal que manda.

Es posible que el equipo no encuentre la fuente de la anomalía y, en cambio, se adapte a ella, ha añadido Suzanne Dodd. En caso de que sí se descubra el origen, las operaciones remotas podrían solucionar el problema, que, de momento, trae de cabeza a los responsables de la NASA.

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