Descubierto el ‘Dios anónimo’ de Palmira tras 100 años de misterio

En la ciudad situada en el desierto de Siria había más de 200 inscripciones que hacían referencia a “Aquel cuyo nombre es bendito para siempre”, el “Señor del Universo” y el “Misericordioso”

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Palmira fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1980 pero quedó gravemente destruida durante la Guerra de Siria (2015-17).

Descubierto el 'Dios anónimo' de Palmira tras 100 años de misterio

Había referencias suyas en todas partes. En los altares, en las columnas, en las paredes… y así hasta más de 200 inscripciones en arameo repartidas por toda Palmira, una antigua ciudad situada en el desierto de Siria. Pero en ninguno de esos textos aparecía ningún nombre.

Siempre se le citaba con misteriosas frases. Eran lemas escritos principalmente entre los siglos II y III después de Cristo del tipo: “Aquel cuyo nombre es bendito para siempre”, “Señor del Universo” o “Misericordioso”. Multitud de arqueólogos se han pasado los últimos 100 años tratando de descubrir a qué dios se hacía referencia.

Siglos II y III d.C.

A esta desconocida deidad siempre se la citaba con misteriosas inscripciones

 

La investigadora polaca Aleksandra Kubiak-Schneider parece que por fin ha podido desvelar el secreto tras estudiar aproximadamente 2.500 inscripciones de todo tipo ubicadas en varios elementos arquitectónicos repartidos por Palmira (que en arameo significa “ciudad de los árboles de dátil”).

La experta de la Universidad de Wroclaw, que acaba de publicar el libro Dedicatorias votivas sin nombres propios de deidades de Palmira. Aquel cuyo nombre es bendito para siempre, explica que la mayoría de los textos que hacían referencia al ‘Dios Anónimo’ se han encontrado «en altares de piedra destinados a quemar incienso, granos de enebro y otros aromas, además de verter líquidos».

Palmira tenía más de 200 inscripciones dedicadas a un 'Dios Anónimo'

Palmira tenía más de 200 inscripciones dedicadas a un ‘Dios Anónimo’

Aleksandra Kubiak-Schneider

“Se interpretaron como manifestaciones monoteístas y tendencias a adorar al dios único, una dimensión mística del culto al Señor del Cielo, Baalshamin. También pareció un tabú en contra de pronunciar el nombre de la deidad similar al que existe en el judaísmo, sobre todo porque estas frases tienen connotaciones bíblicas”, señala en declaraciones a Science in Poland.

Pero la solución al rompecabezas estaba en otro lugar. La arqueóloga notó que la forma de dirigirse a esta deidad era la misma que en los himnos cantados y recitados en los templos del I milenio a.C. en la antigua Mesopotamia para agradecer la ayuda recibida a muchas deidades importantes como Marduk-Bel (la más importante de Babilonia), Nabu (el dios patrón de la alfabetización), Nergal (dios del subsuelo) o Hadad (dios de la tormenta y la lluvia).

Palmira, famosa por su arquitectura monumental y sus numerosos templos dedicados a varios dioses, era una antigua metrópoli que mediaba en el comercio entre el Imperio Romano y el Lejano Oriente: Persia, China e India. Inicialmente, era una modesta ciudad de caravanas que poco a poco se fue convirtiendo en uno de los enclaves más grandes del mediterráneo, especialmente entre los siglos I y II después de Cristo. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980, sufrió graves daños durante la guerra de Siria (2015-2017).

Según explica Kubiak-Schneider, las frases halladas en Palmira no tenían una única dirección, si no que estaban dedicadas a múltiples dioses “que merecían el eterno agradecimiento”. El nombre “Misericordioso” se referiría, por ejemplo, a Bel-Marduk, el jefe del panteón babilónico también adorado en Palmira, que salvó a las personas y los dioses de Tiamat, un monstruo que encarna el caos y la oscuridad.

El “Señor del Mundo” sería Bel, el Señor del Universo, aunque también se podría referir a Baalshamin, el dios de la tormenta y la fertilidad y cuyo equivalente en la mitología griega clásica había sido el todopoderoso Zeus, el padre de los dioses y los hombres.

Solo la frase “Aquel cuyo nombre es bendito para siempre” puede ser universal y referirse a cualquier deidad masculina que hubiera escuchado las plegarias de las personas que oraban y por eso merecía la gloria eterna, un hecho que confirmarían los antiguos himnos y oraciones de Babilonia y Asiria de los períodos anteriores a Alejandro Magno y el Imperio Romano.

Este altar lo erigieron Taimar y Shalmallat, porque

Este altar lo erigieron Taimar y Shalmallat, porque «llamaron a un dios y él les respondió en la hora de la angustia. Hizo un milagro en el día de la justicia»

Aleksandra Kubiak-Schneider

No usar el nombre del dios era, por lo tanto, una señal de respeto, según señala Aleksandra Kubiak-Schneider. “Los habitantes de Palmira conocían perfectamente los nombres de sus deidades. Por eso no sorprende que la imagen de la deidad no se encuentre en los altares, algo que no tenía nada que ver con la prohibición de presentar el rostro divino. No había un Dios Anónimo, si no que cada dios que escuchaba y mostraba favor a las peticiones merecía una alabanza eterna”, afirma.

Las personas que financiaron estas inscripciones en Palmira provenían principalmente de familias de élite y medianamente ricas. Entre los mecenas que las encargaron había tanto mujeres como hombres; algunos de ellos eran esclavos, exesclavos liberados, personas libres, así como ciudadanos romanos.

En estos altares de piedra se quemaba incienso, granos de enebro y otros aromas

En estos altares de piedra se quemaba incienso, granos de enebro y otros aromas

Aleksandra Kubiak-Schneider

Según la doctora Kubiak-Schneider, su hallazgo es significativo porque muestra la continuidad de las tradiciones prehelenísticas en el Medio Oriente, que influyeron en la forma de las grandes religiones monoteístas de la actualidad: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Sus resultados también indican la existencia de poesía religiosa utilizada en rituales de hace casi 2.000 años pero que no se ha conservado.

Además, su investigación muestra que los dioses tenían muchos nombres y títulos según la situación y la persona que se dirigía a ellos. “Cada nombre lleva un mensaje diferente, mostrando diferentes aspectos de las deidades adoradas en los sistemas politeístas”, señala.

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