Cómo Goya pintó un cuadro en una noche

Puede que sea un hecho legendario, una de esas historias que engrandecen a un personaje ya grande en la Historia como Francisco de Goya, uno de los mejores pintores de la Humanidad, o puede que sea verdadera -todo indica que no-, sea como fuere no deja de maravillarnos la belleza del relato.

Francisco de Goya era un apasionado de dos cosas -aparte de la pintura-, una era la buena mesa (comida y bebida) y la otra eran las mujeres hermosas. Relacionado con ello, cuenta la leyenda, que el marqués de Villafranca, marido de María del Pilar teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, a la sazón duquesa de Alba, se había enterado que había tenido su mujer un desliz con el pintor. Agraviado por la ofensa a su honor quiso saber más sobre esta singular coronación.

Y fue informado que amén del escarceo amoroso también le pintor había realizado un retrato de su esposa, pero no era un o cualquiera: posaba totalmente desnuda.

El marqués decidió que a la mañana siguiente haría una visita al pintor y vería las obras de su estudio para comprobar si era cierto o no, de ser cierto sería la prueba definitiva y tendrían que dirimir aquella ofensa en el campo del honor.

Pero Goya tenía muchos amigos y uno de ellos, al servicio del marqués, lo localizó en una tasca donde disfrutaba de unos vinos. El sirviente le advirtió de las oscuras intenciones que tenía aquel. Goya, agradecido, se apresuró a regresar a su estudio.

Las ‘majas’

Una vez allí tomó sus pinceles y comenzó a pintar un retrato de la duquesa de Alba, esta vez con ropa, no quería dar lugar el pintor a que el marqués defendiera su honor a costa de su vida pues era mejor pintor que tirador.

Al llegar a la mañana siguiente el marqués a casa de Goya este salió complacido, como si tal cosa, a recibirlo, le enseñó sus cuadros y, en concreto, el relacionado con su esposa que se denominó “La maja vestida”.

El marqués marchó satisfecho maldiciendo a aquellos que le habían mentido. El pintor, por su parte, siguió contemplando una obra celosamente guardada que se llamaba “La maja desnuda”.

Goya habría pintado aquel cuadro en una sola noche, cosa que se antoja imposible, pero no me negaran que la leyenda es realmente bella.

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