Fantasmas en el auditorio

Pocos esperarían encontrar en un edificio como el Auditorio Nacional de Música fenómenos extraños y paranormales, sin embargo estos se manifiestan en su interior y siembran de inquietud y terror las jornadas laborales de los empleados que realizan su labor en el interior del mismo.

Casi sin dar crédito a lo que sucede narran, con asombro, como los objetos en su interior cobran vida y se mueven solos, de sombras errantes que se “pasean” por los pasillos del edificio, de sonidos inquietantes que perturban la tranquilidad y armonía del lugar.

Un testigo narraba al investigador y periodista Francisco Contreras su vivencia en el edificio: “Llegamos a hacer informes en los que contábamos las cosas que estaban pasando. Algunos de nosotros pedimos hacer las rondas en pareja por los pasillos, por si acaso, cuando lo normal es que fuéramos solos. En el vestíbulo principal, el de la entrada, las macetas se movían solas y algunas puertas se abrían y cerraban sin que nadie las tocase. Los fenómenos ocurrían por la noche, cuando hacíamos la ronda”.

El punto de miedo y pavor ante lo que ocurría fue tal que algunos empleados pidieron el traslado del edificio e incluso dejaban una grabadora encendida recogiendo el sonido de aquellas largas noches en vela escuchando lo imposible, en aquellas grabadoras se registraron sonidos tales como aplausos y susurros.

Un lugar encantado

En otras ocasiones también ha habido experiencias en las que una fuerza desconocida impedía salir de despachos o habitaciones, empujando la puerta sin permitir su apertura.

El edificio del Auditorio Nacional de Música tiene cuatro pisos y el fenómeno de casa encantada se extiende por todo el mismo incluyendo los sótanos.

Hay un lugar especialmente activo y caliente: el despacho del coordinador en la tercera planta. Todo aquel que lo ha ocupado ha tenido un trágico final y, los más sensibles, han sentido -o percibido- presencias negativas que les afectan.

Así las cosas y ante la no-reacción de la Administración, se decide -de forma particular y sin la aprobación de la dirección- contratar a una vidente para realizar una limpieza espiritual en el edificio. Pero el esfuerzo fue en vano pues se siguieron manifestando dichos fenómenos.

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