Sanatorio de los Muertos…Buscando ¿a Clara?

Niña Clara

Por: Jesús García

Rutas de Misterio: José David Flores, Jesús García y Jose Manuel García Bautista

Otra noche que pasamos en el complejo hospitalario de San Pablo, en Sevilla. Una jornada más en la que nos disponemos a buscar datos para completar una de las historias pendientes, de las que guardan aquellas maltrechas paredes y sus edificios. Pero como siempre ocurre en ese lugar, cuando parece que nos encaminamos a completar una investigación, cuando creemos que estamos delante de los datos que nos hacen falta para poder hilar una historia y ofrecer así un argumentarlo completo (más o menos) sobre los posibles hechos ocurridos en el pasado, a tenor de las pruebas fotográficas y auditivas de las que disponemos… aparece otro “personaje”; otro nuevo actor en el gran escenario que supone el gran complejo de edificios, que nos deja desconcertados, debiendo comenzar de nuevo todo el procedimiento.
Eso nos pasó también ayer noche, aunque bien podemos pensar que sería una segunda parte de los hechos acaecidos hace algunas semanas, y que parecen nos obligan a cambiar casi todos los expedientes sobre dicho edificio que obran en nuestro poder. Parece como si las palabras transmitidas al principio de la experiencia a todos nuestros acompañantes fueran premonitorias en las últimas visitas realizadas: el fenómeno parapsicológico es atemporal y, es posible que no ocurra nada, o bien salgamos del lugar con nuevos datos sobre los que reflexionar y abrir una nueva vía de pesquisas. La pasada noche, los hechos vividos, hace pensar en eliminar ese argumento de nuestra charla inicial… por si acaso.
Un apunte que serviría como prólogo: tanto M Ángeles como David, horas antes de comenzar la experiencia, ya “intuían” algo extraño, un presentimiento que se convertía en algo de temor en cuanto recordaban lo que en poco tiempo debíamos hacer. La ruta empezaba con algo de tensión por nuestra parte. ¿Justificada?

La noche comienza, pero como todas.
No es extraño que el complejo de edificios al que nos referimos nos reciba con cierta frialdad al principio de la experiencia. Y tampoco es extraño que elijamos los lugares donde establecemos nuestra primera toma de contacto en base a lo que presentimos cuando “tomamos tierra”, muy cerca del aeropuerto de la capital andaluza. Pero en este caso, parecía como si un halo invisible de energía impidiera mantener la concentración, o mejor dicho, percibir mediante nuestra sensibilidad (la que da los años de pesquisas en este tipo de escenarios) dónde debíamos empezar a buscar entidades descarnadas. Por lo tanto, tiramos de “manual”, recordamos el expediente puro y duro para situar los puntos donde “buscar” en dos edificios: el hospital militar y el edificio destinado a urgencias.
Es cierto que estamos haciendo una serie de experimentos con un grupo nutrido de personas, para intentar cuadrar las actividades que habitualmente realizamos durante una jornada de pesquisas a nivel privado, y trasladar las conclusiones a un procedimiento que seguir durante nuestras “Rutas VIP”, una denominación dada para indicar la formación por parte de clientes que nos acompañen en grupos muy limitados en componentes, los cuales tendrán la oportunidad de comprobar una forma diferente hasta ahora de encarar los experimentos que realizamos en busca de actividades parapsicológicas, para tratar de captarlas. Hojas de expediente, toma de datos, mediciones, guionización de las pruebas a efectuar…
El comienzo fue habitual: un gran grupo de personas dispuestas a ser los verdaderos protagonistas en aquella jornada de investigación, y nosotros en el centro comentando la historia del edificio, las normas de seguridad y convivencia, así como los datos en los que seguir trabajando: experiencias tanto de testigos comentando sus observaciones imposibles, donde no con poca dosis de terror han perseguido ancianos y niñas por casi todo el perímetro, así como grabaciones psicofónicas obtenidas por parte de clientes en otras rutas anteriores. Todo ello sirvió como argumentarlo donde fijar la atención, sin perder la razón que nos movía a retar la noche y el frío en busca de más datos que añadir a toda la historia planteada de inicio.
Así que nos dividimos en dos grupos, integrados por bastantes personas, y nos dispusimos a “atacar” los dos edificios antes mencionados: grabadora en ristre, cámara de fotos preparada y el corazón latiendo fuerte ante lo que se desconoce, aquello que tampoco podemos intuir su comportamiento, aunque deseamos creer que será amistoso. Cada paso que dábamos hacia los destinos programados nos hacía recordar aquellas experiencias descritas al principio, y pensábamos de qué forma se manifestarían los visitantes casi invisibles que pueblan ese complejo de edificios. Las linternas dejaban ver cada vez con más detalle conforme nos acercábamos, el estado en el que se encontraban los sitios donde, con iguales dosis de valor y firmeza, nos esperaban experiencias que quizá cambiarían la forma de ver el mundo hasta ese momento.

En el hospital.
El grupo capitaneado por David Flores se dirigió hacia el edificio destinado antaño a las urgencias, mientras en nuestro llegó al hospital militar. Decidimos subir directamente a la primera planta, usando para ello las escaleras exteriores construidas como salida de emergencia, y establecernos como punto inicial en el centro del edificio, donde se reparten cada una de las alas que lo componen. Desde ahí comenzamos un “barrido fotográfico” en casi todo el edificio. Mientras, me quedé preparando y rellenando las hojas de audio para incluir en el expediente, así como la grabadora que usaría esa noche acompañando así en la actividad al resto de nuestros acompañantes.
En algunos momentos, ciertos miembros del grupo reportaron una sensación de frío anormal en algunas habitaciones de la planta superior a la que nos encontrábamos, y se pudo ver de forma algo fugaz unas sombras en los pasillos, como si algo casi invisible quisiera observarnos sin ser observado. De momento los ojos comenzaron a querer observar todo el edificio a la vez, aunque eso es imposible. Pero es la sensación que se tiene cuando no somos capaces de racionalizar de forma coherente lo que un sentido ha percibido. Detalles casi difusos, pero poco explicables.
Luego de calmar un poco el lógico revuelo, empezamos la experiencia de grabación. Durante poco más de dos minutos, nuestras preguntas al aire intentaban buscar una respuesta de quien, sin vida física en ese momento, quisiera dejarnos un mensaje para ser oído algo más tarde. Sobre todo, las cuestiones tenían un destinatario: Clara, la pequeña que en tantas ocasiones se ha dejado ver, y en otras hemos podido captar su dulce saludo en forma de audio. Algo que, en meses posteriores, no hemos podido conseguir con la misma claridad.
Hagamos un inciso sobre este último comentario: recordarán aquellos que siguen estas publicaciones que fue la noche de Halloween en la que esta niña se manifestó de forma amistosa y muy clara, en uno de los soportes que portaba un cliente y amigo. Con posterioridad, es cierto que se observó en varias ocasiones, pero hay un detalle de dichas observaciones que no para de dar vueltas en mi cabeza: las dos que los testigos han relatado, la pequeña corría entre edificios, sin causa aparente. Podemos pensar que lo hace con una actitud puramente infantil, pero ¿y si está huyendo de alguien?
Esta pregunta resonaba una y otra vez en mi cabeza, después de un audio que compartió conmigo una clienta habitual, obtenido en la primera jornada que planteamos esa búsqueda de Clara. En el mismo, con voz susurrante y tras una de mis preguntas, una niña decía “Mamá”. ¿Susurrante? ¿Por qué así, después de hacerlo en voz alta unos meses antes, después de saludarnos con dos “Hola” casi musicales, dulces, inocentes?¿Quién no quiere Clara que se entere de su presencia?
Por supuesto, tras lo comentado, podéis suponer el contenido de algunas preguntas, encaminadas a descubrir quién o qué provoca ese silencio, esas carreras que de vez en cuando se dejaron oír en jornadas posteriores por las plantas del edificio hospital militar, noches después de Halloween.
Pero no obtuvimos nada claro. Antonio, un amigo y cliente, antes de empezar y mientras estábamos en aquel centro neurálgico del edificio, se acercó e hizo referencia a un extraño “silencio” que reinaba allí. Quizá ese mismo es el que nos impidió conseguir un resultado más claro, el mismo que provoca en Clara su propio silencio ante nosotros. De todas formas, es posible que en la quietud del hogar, alguno de nuestros acompañantes termine por percibir algo en las grabaciones de audio, a toro pasado. Ojala y sea una pista sobre la razón que obliga al silencio de la niña.
Después de parar y escuchar parte de los audios grabados, encaminamos nuestros pasos hacia la planta superior, atendiendo así a una percepción obtenida por parte de un cliente que nos acompañaba. Es cierto que la sensación térmica descendió notablemente, pero no iba acompañada de nada que nos indicase otra actividad extraña… o bien en nuestro subconsciente no estábamos cómodos en el lugar donde nos hallábamos, y eso nos hacía que quisiéramos dejar atrás el edificio. Algo que no hicimos.
Otro cliente y amigo nos dio otra referencia en forma de hecho extraño: mientras estaban en la planta inferior, dentro del sótano casi cerrado por una tapia de ladrillos, al que se accede por un hueco practicado a fuerza de golpes, habían oído un extraño sonido al abandonarlo y dirigirse donde estábamos todos, antes de la primera experiencia psicofónica. Así que fuimos hasta ese lugar, entramos como pudimos (aunque algunos decidieron quedarse arriba), y realizamos otra experiencia: esta vez, la protagonista sería nuestra compañera Mª Ángeles, usando su percepción con ayuda del péndulo.

El péndulo abrió otra noche distinta.
En aquel sótano, donde se hacía difícil andar por la cantidad de cascotes y basura que contiene, se nos ocurrió hacer una experiencia con el péndulo y unas preguntas encaminadas a hacer más fluidas las respuestas sobre las cuestiones que seguían sin respuesta en nuestra cabeza. Clara no hacía acto de presencia, apenas se pudieron percibir hechos extraordinarios apoyados en su presencia… No había rastro de la pequeña. Entonces el movimiento de ese objeto, en manos de nuestra sensitiva, empezó a dar algunas pistas sobre lo que ocurría, cosas que nos temíamos pero no nos atrevíamos a asegurar con firmeza. Una entidad, una presencia no física parecía atemorizar a la pequeña, provocando así su silencio ante nuestras preguntas, impidiendo su comunicación con nosotros en forma de fenómeno Poltergeist cuando se lo pedíamos. Esa misma energía negativa, hizo que Mª Ángeles empezara ya a sentirse algo mal, por lo que corté esa sesión para impedir que pudiera salir más afectada. Aun así, los movimientos en forma de respuesta que se obtuvieron aumentaron nuestras sospechas, como ya hemos indicado: algo no quería ni nuestra presencia en el lugar, ni tampoco que Clara se manifestara.
El grupo de David Flores estaba ya fuera, esperando nuestra salida. Venía del edificio donde nos tendríamos que dirigir. A través del walkie, me indicó la necesidad de comentarme algo, así que aceleré mis pasos hacia fuera, encabezando la fila que formaba nuestro grupo de investigación. Su cara, la del compañero, era de circunstancias.
Entonces me habló sobre una serie de experiencias espeluznantes: extrañas y pequeñas luces rojas que parecían perseguir a los miembros de su grupo, y unos sonidos de procedencia desconocida, similares a lamentos y golpes. Parecía que se preparaba todo para una recepción terrorífica a nuestro grupo.
Con esos datos en la cabeza, con la experiencia vivida y sin ser capaz de razonarla todavía, nuestros pasos se tornaron algo pesados por el camino que nos llevaba hasta el edificio de urgencias, sin saber todavía si era debido a la situación de extraña calma vivida en el hospital, o el temor de comprobar cómo los fenómenos antes descritos en aquel edificio que se erigía delante nuestro aumentarían con nuestra presencia.

¿
Quieres jugar con nosotros al escondite?

Llegamos hasta la primera planta del edificio destinado antaño a urgencias, y se me ocurrió hacer una experiencia, mezcla de lo efectuado hasta ese momento con el fenómeno denominado “ouijafonía”. Esta vez, a modo de tabla, usaríamos el péndulo, realizando preguntas cuya respuesta pueda limitarse a SI o NO, sobre lo vivido por el anterior grupo, y las preguntas que resonaban en nuestras mentes tras lo vivido en el sótano del hospital. Antes, como es preceptivo, dejamos unos minutos para que se hicieran algunas fotografías del edificio, sin que nada claro se pudiera ver en las mismas. He de indicar que ayer noche fue la primera vez que ocurría este hecho, ya que normalmente son varias las imágenes extrañas tomadas en los distintos edificios de aquel lugar. Pero nuestro interés estaba centrado en las preguntas, el péndulo y las grabadoras de audio.
Así que comenzamos el bombardeo de preguntas. Digo bien, bombardeo. Y es que la impaciencia hacía que apenas dejáramos tiempo a que el movimiento del péndulo cambiara para indicar la respuesta positiva o negativa planteada. En varias ocasiones, tuve que recordar la conveniencia de distanciar el cuestionario para poder dejar que el movimiento pendular fuera más claro. Pero algo que observaba hacía que tampoco defendiera mucho ese argumento.
Y es que el movimiento descrito por el péndulo de cuarzo que portaba Mª Ángeles era muy rápido en sus cambios, en las indicaciones sobre si o no. Por supuesto me preocupaba esa situación, ya que sé cómo funciona eso. El péndulo solamente somatiza lo que ella percibe a nivel extrasensorial en forma de movimiento, sirviendo como decodificador de la energía que se mueve en ese lugar, y que usa la suya para manifestarse de esa manera. Por tanto, a mayor actividad y movimiento, menos energía y más problemas físicos podía llega a sufrir. En un momento de la experiencia, decidí al igual que hice en el sótano del hospital, dar por finalizada la sesión de preguntas, y bajar hasta el nivel inferior para continuar investigando, y así pensaba que Mª Ángeles se podría reponer un poco, algo que, como comprobarán, no ocurrió.
No se me ha olvidado. Las respuestas a estas preguntas ampliaron nuestras sospechas: algo negativo se movía por aquel lugar, aunque en principio pensábamos que se trataba de Clara. Habría conseguido escapar de la influencia negativa que le impedía su manifestación, y deseaba jugar con nosotros. Eso se deduce de una pregunta efectuada por uno de nuestros acompañantes, a lo que el péndulo manifestó el deseo de jugar al “escondite” con nosotros. Normal en niños, aunque algo escalofriante tratándose de una entidad sin presencia física.
Ya en la planta baja, decidimos acercarnos al lugar aledaño donde está el crematorio, una zona que posiblemente serviría para practicar los auxilios con más celeridad a aquellas personas maltrechas que llegaban de urgencia. Repetimos la experiencia con el péndulo…y este se mostraba con movimientos torpes y poco definidos a las preguntas, como si esa comunicación se estuviera cortando, o el receptor no tuviera suficiente energía. Era eso.
En un momento de esa experiencia, Mª Ángeles tuvo que parar el péndulo porque no podía respirar. Lo intentó durante todo el tiempo que nuestros acompañantes estuvieron preguntando, pero ella sentía una extraña presión en el pecho de la que no podía liberarse aunque intentaba mantener su mente concentrada en la experiencia. Necesitó varios minutos para recuperarse, justo fuera del edificio, y mientras un grupo pequeño de personas se quedaron asistiéndola, el resto encaminamos nuestros pasos hacia la salida. La sensación era un poco desconcertante: por un lado, en el piso superior no se habían percibido sensaciones negativas ni extrañas mientras en la planta baja, la cara exhausta de Mª Ángeles nos dejaba un mal sabor de boca, algo que no se podía concluir con respuestas satisfactorias mientras lo meditábamos camino de la salida.

Luego, ya con el grupo recompuesto, fuimos hacia el lugar donde debíamos terminar esa noche de escalofríos y momentos desconcertantes: el edificio que antaño serviría como pabellón a los suboficiales del ejercito. Cuando los dos grupos nos encontrábamos en la parte exterior, cerca de la puerta… surgió lo inexplicable.

¿Era Clara quien quería jugar?

Oímos un revuelo a pocos metros de nosotros. Un grupo de acompañantes comenzó a gritar, alzando su dedo en dirección hacia la planta alta del edificio de urgencias… Había una extraña sombra o presencia que se asomaba por la ventana superior derecha del mismo. A veces esos comentarios surgen cuando una linterna apunta hacia el lugar, y hace una sombra extraña debido al mal estado que presenta la estructura. Eso es lo que yo pensaba, y ya llevaba el argumento esquematizado en la cabeza mientras me dirigía hacia las personas que seguían enfervorecidas, mirando hacia ese lugar, apuntando de vez en cuando con linternas de gran potencia. Cuando me disponía a dar la posible explicación, y luego de calmar a varias personas que me decían exactamente lo mismo, las linternas se apagaron por petición de varios testigos, y me pidieron que mirara hacia ese lugar.
Pues bien, en ese instante, yo mismo pude ver cómo una formación opaca, casi blanquecina, como si fuera una nube de humo con forma y dirigida, atenuaba la luz que penetraba por la ventana trasera a la que estábamos observando. Luego, lo que sea que fuera se movió hacia la izquierda, momento en el que la luz de fondo recobró su normalidad, para un segundo después, formarse la misma nube y volvió a distorsionar la luz. Allí había algo.
Inmediatamente, le comenté en voz baja a mi compañero David esa circunstancia. No estaba seguro de lo que había visto, y pensé que sería un bromista. Enfadado, pedí al grupo que se quedara en el camino, todos juntos, mientras que nosotros nos aseguraríamos de lo que se había observado. Un amigo y cliente, Andrés, nos preguntó si podía acompañarnos… pues claro. Es bombero de profesión, y ser acompañado por un profesional da seguridad, así que accedimos. También se incorporó al pequeño grupo de búsqueda Miguel Ángel, otro amigo y cliente.
Todos juntos, con paso acelerado, nos dispusimos a rastrear cada palmo de la planta superior, divididos para ocupar la mayor superficie posible. No habíamos planificado los movimientos, pero parecía lo contrario. Justo en el momento que Andrés estaba sobre el techo de aquella zona diáfana donde Mª Ángeles se había quedado casi sin respiración… una presencia alertó a Andrés. La vio en la parte baja, a través de una oquedad en el suelo a través de la cual se veía bien la citada estancia. Estaba alterado, aunque mantuvo la calma como lo que es, un profesional. David se dirigió hacia fuera… Bueno, no recuerdo bien. La tensión empezó a apoderarse de nosotros por momentos.
Desconcertados, volvimos hacia el interior del edificio, y solicitamos a los acompañantes de fuera que no alumbrasen al edificio. Queríamos estar seguro de lo que veíamos. Nos paramos un momento, y David empezó a preguntar quién se hallaba en dicho recinto. No hubo respuesta alguna. Fuimos de nuevo al fondo del pasillo, hacia las escaleras centrales… y parecía como si estuviéramos observados por algo invisible, no sabíamos bien lo que ocurría.
En ese momento, un movimiento llamó nuestra atención. Algo o alguien pasó de habitación en habitación, de frente, como si corriera. Miré hacia fuera para asegurarme que no había linterna alguna apuntando hacia el edificio; no había. Inmediatamente, las voces de las personas que estaban fuera se tornaron tensas, e indicaban una presencia en la planta superior, justo donde lo estábamos viendo. A través de las ventanas, en una de las habitaciones, pedimos que nos dijeran hacia dónde lo habían visto pasar, indicando nuestra izquierda. Salimos fuera y pudimos ver otra vez cómo esa nube color ceniza pasaba rápidamente hacia la habitación de enfrente desde unas más allá de donde estábamos. En ese instante, nosotros corrimos hacia dicha presencia… pero desapareció.
Ya un poco cansados de que aquello jugara con nosotros al escondite, y alertados por el retraso horario sobre el esquema de la jornada, nos fuimos hacia el lugar donde terminaría nuestra noche. Cuando llegamos al grupo, casi todos habían sido testigos de aquella extraña nube que jugaba con nosotros en la planta superior. Es una sensación curiosa: estábamos siendo manejados por una presencia no humana, etérea… pero no era una niña. De eso estamos seguros.

¿Se dejó ver en el pabellón de suboficiales?

Todos estábamos pensando en lo ocurrido. Creo que ese era el motivo del silencio que reinaba en todo el grupo, curioso ya que lo normal es tener un tono algo más acelerado y nervioso con el que comentar entre todos la extraña experiencia vivida. Pero no paramos nuestros pasos ya que deseábamos saber si “aquello” quería hablarnos a través de la ya famosa “Spirit Box”.
No vamos a relatar mucho de la sesión, ya que las respuestas brillaron por su ausencia. Así que decidimos dar por terminada la jornada de investigación, agradeciendo a los presentes su confianza, y aconsejando cuidado al salir. En ese momento, David con cara de circunstancias, y la voz afectada, me indicó que “saliéramos YA del edificio”. Aceleré mis pasos, ya que no es normal dicha actitud en mi compañero si no hay nada que le afecte. Y vaya si lo hubo.
Al día siguiente, me comentó que tras uno de nuestros clientes y amigos (José Luis “Selu”, del grupo Rutas Extremas) había visto una cara terrorífica e infernal, alguien que no era de este mundo, y que le impresionó sobremanera. Asustado por las consecuencias que dicha visión podría tener sobre quienes nos acompañaban, y sin querer alterar mucho para impedir una estampida, me indicó como pudo que saliéramos del sitio.
Una noche inolvidable, que ha provocado en nosotros el deseo de volver para intentar aclarar quién estaba jugando con nosotros al escondite, quién “asfixiaba” a Mª Ángeles mientras portaba el péndulo… quién estaba detrás de Selu.

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