Así en la Tierra como en el Cielo… Historia secreta del ¿cristianismo?

Por Jesús García y Jose Manuel García Bautista

Conjunción planetaria

Mientras escribo este artículo, no dejo de pensar en una frase bíblica que, en este instante, sería una de las que deberíamos colgar de la entrada de todos los edificios, junto al nombre de cada una de las calles de nuestro país, en todos los países del mundo, en nuestro propio hogar: “La verdad os hará libres”.

Yo no quiero especular con que soy poseedor de la verdad absoluta, pero me gustaría que, las palabras que a continuación va a leer, fueran puestas en duda e investigadas porque de esa forma, llegaría a conseguir dos cosas de este texto: Con la duda, pensamos en las posibilidades alternativas que existen a partir de una idea. Con la investigación, llegamos a la verdad, si partimos de la base de no relativizar ninguna idea que tenemos. Trataré de explicar esto, con una experiencia vivida por mi parte.

Entre otras aficiones, tengo la de practicar un arte marcial llamado “Aikido”. Uno de los mejores profesores que hay hoy en día en el panorama nacional de este deporte impartió unas clases en la cuidad donde resido. Al comenzar el acto, con voz calmada, nos explicó que en el momento de entrar en el tatami debíamos hacerlo con la jarra de nuestra mente vacía, para poder llenarla, ya que si entrábamos con ella llena, no había posibilidad de sobrepasar ese límite y por tanto, no se aprendería nada.

Por tanto, me gustaría que el lector vaciara por un momento esa jarra, dejara por tanto la mente y los prejuicios limpios, para comenzar desde el principio la búsqueda de una de las cosas que el hombre siempre a anhelado desde el comienzo de los días.

EL CRISTIANISMO Y SU ORIGEN EGIPCIO.

Seguramente somos muchos lo que, en un momento de nuestra vida, hemos pensado por las similitudes entre la cultura religiosa egipcia y la cristiana, que esta última había bebido con mucha fuerza de la fuente del Nilo. No es de extrañar, sobre todo, si dedicamos un poco de tiempo al conocimiento de esa cultura que tanto texto provoca todavía hoy en día y, sobre todo, tanta controversia.

Pero es cierto. El cristianismo es, en parte, algo de cultura egipcia. En este artículo no vamos a incluir ahora una parrafada sobre todas estas “casualidades”, pero sí algunos datos que bien nos serviría para la investigación propuesta al principio. Y a pesar de que puede resultar sumamente importante el hecho de haberse encontrado vestigios y pruebas incluso grabadas de que los templarios estuvieron en esas tierras, y que el culto a las vírgenes negras bien puede ser heredado de esas imágenes que se trajeron de vuelta, tras visitar posiblemente la que creían con buen criterio cuna de la cultura religiosa que profesaban, hay otros datos que no lo son menos y que, nos podrían incluso escandalizar, pero están ahí para aquel que quiera verlos.

Vamos a repasar un poco, casi por encima, algo de la historia de la religión egipcia. No por breve, como podremos ver, es menos importante. Vamos a hablar de Horus y, conforme leamos, iremos viendo cómo la historia se cruza casi con perfección milimétrica con otras quizás más conocida, o más cercanas.

Este dios egipcio tenía un enemigo, tío de él, llamado Set, siendo este el Dios de la oscuridad o la noche.

Metafóricamente, Horus, Dios solar, cada mañana ganaba una batalla a Set, viajando por el cielo en señal de su dominio. Por el atardecer, Set resucitaba y ganaba la batalla a Horus, mandando a este en su barca al inframundo, por el cual viajaba, encontraba la salida, y se repetía el ciclo. Esta dualidad bien-mal es una de las más repetidas en todas las culturas religiosas del planeta.

Pero cuando repasamos la biografía religiosa de este Dios, encontramos datos realmente impresionantes. En líneas generales, Horus nació un 25 de Diciembre de la Diosa virgen Isis-Meri. En su nacimiento, brillaba intensamente la estrella del este. Además, este alumbramiento estuvo adorado por tres reyes. A la edad de 12 años era un niño prodigo, y cuando cumplió los 30, fue bautizado en el Nilo por Anup, comenzando ahí sus verdaderas enseñanzas. Tenía 12 discípulos que le acompañaban a todas partes. Realizó varios milagros durante este tiempo, como curar a los enfermos o caminar sobre el río Nilo, Se le conocía con sobrenombres como La Verdad, La Luz, el hijo de Dios, etc. Después de la traición de uno de sus discípulos (Typhon), este fue crucificado y enterrado. A los 3 días, resucito.

Estos atributos de este dios, sean los originales o no, se “filtraron” a distintas culturas posteriores, dando así inicio a los distintos mitos religiosos bajo esta base. Y como muestra de esto, varios botones nos pueden servir:

– (Grecia, 1200 A.c.) Attis, de Phrygia, nacido de la virgen Nana un 25 de diciembre, crucificado y enterrado y resucitado a los 3 días.
– (India, 900 A.c.) Krishna, nacido de la virgen Devaki, con la estrella del este apuntando a su llegada, realizó milagros con sus discípulos y, tras morir, resucitó.
– (Grecia, 500 A.c.) Dionysus de Grecia, nacido de una virgen un 25 de diciembre, maestro nómada. Realizaba milagros como convertir el agua en vino. Fue calificado como “El Rey de los Reyes”, El único hijo de Dios”, “Alpha y Omega”, etc. Luego de morir crucificado, resucitó.
– (Persia, 1200 A.c.) Mithra de Persia, nació de una virgen un 25 de diciembre, tuvo 12 discípulos. Realizó varios milagros. Se le conocía como La Verdad, La Luz, etc. Cuando murió y fue enterrado, resucitó a los tres días.

Esto son sólo algunos ejemplos. Hay decenas más.

Llegados a este punto, creo que la pregunta es más que obvia: ¿Hay una interrelación entre todas las culturas las cuales, provienen de una misma fuente, o en realidad existe un mensaje oculto en todo esto, alguna enseñanza esotérica de lo que en realidad puede ser la base de lo que podría ser nuestra verdadera creencia a nivel espiritual?

LOS DIOSES SOLARES.

En todo esto comentado, hay varios puntos en los cuales, tenemos que detenernos:

1. Nacimiento: corresponden en su gran mayoría con el 25 de diciembre.
2. Madre: En todos los casos, virgen.
3. Muerte y resurrección: en todos los casos, en tres días.
4. Seguidores: en todos los casos, doce.

Entonces, ¿por qué estos atributos? ¿Por qué doce discípulos, muerto y resucitado a los tres días, hijo de una virgen…?

Para ser justos, debemos hablar del que podemos considerar verdadero protagonista de la historia supersticiosa y religiosa del hombre en la tierra: el Sol. Nuestro astro rey, venerado desde hace cientos de miles de años por los grabados encontrados, es un objeto en un lugar del cielo, que acoge a la tierra donde vivimos, dándonos calor y vida además de alumbrarnos para protegernos de nuestros enemigos, pudiéndolos ver.
Por supuesto, en cuanto el sol “abandonaba” el paseo por su reino (de los cielos), aparecían una serie de brillantes moradores que, por el hecho de habitar allí, ya debían ser igualmente adorados. Nos referimos claro está a las estrellas.

Yendo un poco más adelante, el hombre comenzó a agruparlas para formar así imágenes en el cielo, llamándolas constelaciones.

Cuando pudieron tener consciencia de que el sol realizaba un movimiento y que, al caer la noche, las estrellas parecía que cambiaban de posición o aparecían nuevas, se determinó que este viajaba a través o sobre estas constelaciones que, en número, eran 12. Curioso. ¿No era uno de los patrones que se repetían en las historias antes mencionadas de los “Mesías” el que estaban acompañados de doce discípulos?

Si continuamos esta historia de aprendizaje, se pudo determinar que cada vez que aparecían tres constelaciones diferentes en el cielo, se producía un cambio cíclico en la tierra: las estaciones. Se determinó que la división de aquel grupo de apariciones y desapariciones del sol (denominado día), sumándolos, correspondía a la visión de una de estas constelaciones en el centro del zenit celeste. Por lo tanto, se dividió en lo que se considero un “mes”. Por tanto, tenemos que en el cielo se trasladó el primer calendario terrestre, siendo este de 12 meses, cada uno de ellos con unos 28-30 días, y que cada grupo de tres meses correspondía con una estación del año en la tierra.
Además, continuando con esta observación, vieron que el sol en el cielo también “sufría” de vez en cuando una variación en su ciclo, siendo dos las más importantes, y repitiéndose en grupos también de dos: los solsticios y los equinoccios.

Las constelaciones, para poder comprenderlas y asimilarlas de mejor forma, fueron idealizadas con formas animales o humanas en la mayoría de los casos, y en otros, con elementos que reflejaran un significado para aquel que quisiera observar el cielo y buscar un significado del efecto en la tierra. Por ejemplo, acuario “el aguador”, que trae las primeras lluvias de la primavera (mes de Febrero. Es usual en nuestra tradición hablada nombrar a este mes como “Febrerillo el loco”, por la estación de lluvias y cambios constantes de clima).

Todo esto nos lleva, nuevamente, a la posible razón de la adoración del astro que domina todas las constelaciones y la vida en nuestro planeta: el Sol, de nuevo.

EL MENSAJE ESOTÉRICO DE LAS ESTRELLAS, O “LA VERDAD ESTÁ EN EL CIELO”

La respuesta a las posibles preguntas sobre los Mesías solares, incluyendo la historia de Jesús de Nazareth, la podemos encontrar de nuevo en la astrología, si observamos el cielo en días próximos a la navidad cristiana. Nos daremos cuenta de que:

– Sirio, es la estrella más brillante del cielo. El 24 de diciembre, se aliena con 3 estrellas muy brillantes, que se encuentran en el cinturón de Orión. Curiosamente, estas estrellas son conocidas como “Los Tres Reyes”. Este conjunto, si lo unimos con una línea imaginaria, desde la última estrella de los Tres Reyes hacia el horizonte, apunta justamente al lugar astronómico donde “nace” el sol el 25 de diciembre. Podemos considerar que, según las posiciones de las estrellas en el cielo, las tres estrellas del cinturón de Orión parece que siguen a sirio para así encontrar el lugar del horizonte por el que sale el sol.
– Continuando con la secuencia astrológica, vamos ahora a explicar el concepto de la virgen. Virgo es la constelación conocida como “La Virgen” (Virgo en latín: Virgen). Su representación es en forma de “M” ligeramente modificada. La mayoría de madres de Mesías tienen nombres que comienzan por esta letra, destacando como ejemplo que la madre de Adonis se llama Myrra, y la madre de Buda se llama Maya.
A partir de aquí, debemos desentrañar además el concepto fecundidad y, como en un mensaje esotérico oculto, aparece el nombre de la ciudad que vio nacer al Mesías: Belén. Para todo esto, debemos saber que, astronómicamente, Virgo hace referencia a la casa del pan, y la representación de Virgo en la astrología es la imagen de una virgen sosteniendo una espiga de trigo. Esta representa a Agosto y Septiembre, tiempo de cosecha (fecundidad). En cuanto a Belén significa en hebreo “la casa del pan”. Lo que es lo mismo, es la representación en la tierra de Virgo.
– Seguimos. Existe un periodo de tiempo de tres días, durante el solsticio de invierno en el cual, astronómicamente, da la sensación por el movimiento de la tierra y la su posición respecto al sol que éste se “para” en el cielo, no sigue su movimiento hacia el sur desde las perspectiva de nuestro hemisferio, durante tres días. Este fenómeno, al cual sumamos el invierno, época del ocaso de la naturaleza, hace que parezca que el sol “muere”, deja de moverse. Además, el sol se coloca en el lugar más bajo del cielo. A esto le añadimos la proximidad de este, debajo para ser más exactos, con la constelación de la Cruz del Sur.
Después de esto, el 25 de Diciembre, el sol comienza un leve movimiento hacia el norte (1 grado), y comienza entonces la “resurrección” de su movimiento, anunciando días más largos, y la proximidad de la vida de nuevo, o lo que es o mismo, la estación de la primavera, o la resurrección.
Obviamente, la celebración cristiana se divide en dos partes: el nacimiento (Navidad) y Semana Santa (muerte y resurrección), pero en fechas diferentes. La Semana Santa se celebra en el equinoccio de primavera, ya que en esta época, el sol gana a la oscuridad y el día es, a partir de esta fecha, más largo. Por tanto, podemos considerar entonces la “victoria” frente a la muerte (o la oscuridad) por ser las horas de sol o día mayores que las de noche.
– Terminamos con los doce apóstoles: Se puede suponer que es la representación de las doce constelaciones del zodíaco que viajan junto a Jesús (El Sol). Debemos saber que este número (12) se encuentra por varios lugares de La Biblia.

Además, a esto podemos añadir que, el símbolo de la cruz no es exactamente cristiano; es más bien la adaptación pagana de la cruz del zodíaco, o zona central que representa al sol con un círculo, dividido en cuatro partes con dos líneas diametrales que parten el Zoroastro en cuatro. Podemos ver este detalle en las primeras representaciones de Jesús, que se dibujaba o labraba una cruz justo detrás de su cabeza, rodeada por un círculo, siendo así llamado “la luz del mundo”, o sea, el sol. Podemos considerar entonces la cruz como adaptación pagana de ese centro de la rueda zodiacal, teniendo en cuenta que todavía siguen existiendo controversias acerca de la muerte de Jesús en una cruz, o en un madero.

La representación de Jesús con una cruz y un círculo en el centro de esta sobre la cabeza, se ve en obras anteriores al siglo XIX, donde ya la traducción de los jeroglíficos egipcios, comenzaron a sembrar cierta controversia en el mundo religioso.

CONCLUSIONES.

Tal y como indicábamos al principio, todos estos datos que, aunque escuetos, forman suficientes pistas como para iniciar una investigación, nos pueden llevar a un conocimiento esotérico de lo que en realidad podemos considerar no sólo los comienzos religiosos de nuestra humanidad, sino el encontrar realmente a ese Dios que todas las religiones del mundo se empeñan en enseñarnos desde diversos puntos de vista.

En cualquier caso, cuando leemos uno de esos grandes libros donde vienen reflejadas esas enseñanzas religiosas que son las que nos abren el camino de la iluminación, siempre lo hacemos con la idea preconcebida de lo aprendido por nuestra cultura religiosa, casi siempre interpretada por las personas que se erigen como los que en realidad saben descifrar esos textos tan farragosos en algunos casos. Y ese es un error en el que casi siempre caemos por comodidad, ya que si alguien nos da ya la mitad del trabajo hecho, sólo debemos completar la otra mitad.

Hay que aprender algo más. Tenemos que darnos cuenta que, en muchos de estos textos, se esconden verdaderas enseñanzas esotéricas, que debemos descifrar como si fuéramos aspirantes a formar parte de una logia o grupo religioso tras un periodo de iniciación. Salvo que lo que yo propongo, es averiguarlo por nosotros mismos, sin necesidad de que nadie nos guíe, ya que esa guía tendrá como punto de partida las ideas de la persona que lo hace.

Hemos oído y leído muchas veces cosas que no nos hemos parado a ver un poco más allá. Por ejemplo, en este artículo pretendemos dar el punto de vista de la religión como una enseñanza esotérica, transformada en algo que les ha servido y sirve a unos pocos para someter a una mayoría. ¿Por qué no pensar con lo que está aquí expuesto que, cuando en la Biblia se habla de “el reino de los cielos”, no implica un paraíso, sino la idea de que debemos observar nuestro cielo para comprender secretos sobre la humanidad, y la búsqueda de la esencia de uno mismo?

¿Por qué no podemos pensar que, cada uno de esos iluminados no fue más que una persona con grandes conocimientos esotéricos que, parábola a parábola, escondía enseñanzas que seguro estaban más allá de lo que el propio texto que las transcribía nos evocaba?

¿Qué nos impide creer que, en realidad, no debemos rendir culto a nada, sino darnos cuenta de que todo lo que nos rodea, incluyéndonos a nosotros mismos, es Dios?

Dejemos pues que con este puñado de datos, y nuestro afán por descubrir la verdad, nos lleven al conocimiento principal, que no sería el encontrar a un Dios en un remoto lugar o dimensión, sino encontrarlo en nosotros mismos y en todo lo que nos rodea para de esa forma, encontrar esa “verdad que nos hará libres”.

Por Jesús García y Jose Manuel García Bautista

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